sábado, 27 de febrero de 2010

"UN CUENTO BREVE"

Cristo descendió de una llanura blanca a una ciudad púrpura. Y al atravesar la primera callejuela, escuchó gritos y vio a un hombre joven, borracho recostado contra una ventana. Por qué malgastas tu alma emborrachándote?, le dijo. Señor, contestó el borracho, yo era leproso y tú me curaste. Que otra cosa puedo hacer?
Habiéndose adentrado más en la ciudad, vio a otro hombre joven que seguía a una prostituta y le dijo: Por qué disuelves tu alma en una vida perdida? Y el joven contestó: Señor, yo era ciego, y tú me diste la vista, que otra cosa puedo hacer?
Y por último ya en el centro de la ciudad, vio a un anciano, acurrucado en un rincón, que lloraba amargamente. Cuando Jesús le preguntó por qué lloraba, el anciano le dijo: Señor, yo había muerto, y tú me resucitaste. Qué otra cosa puedo hacer, sino llorar?
Esta es una terrible parábola de la forma en que los hombres usan los dones y la misericordia de Dios. El que tiene oídos para oír, oiga.

P. Jorge Mura
(Extraído del Boletín Dominical de la Iglesia Bautista de Campo Grande)

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